Este es un espacio para alumnos de 3er. año de Lengua y Literatura de Ciclo Básico Tecnológico de la Escuela Técnica de Paysandú.
Acá encontrarán los textos a trabajar, enlaces, fichas de trabajo e información.
El lema del curso es el que titula este blog: "una de las misiones de la gran Literatura: despertar al hombre..." (Sábato)

martes, 28 de agosto de 2012

CONTINUIDAD DE LOS PARQUES de Julio Cortázar



Continuidad de los parques
   Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
    Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.


de "Final de juego", Julio Cortázar 1956. © 1996 Alfaguara
Mira AQUÍ un video basado en el cuento



AQUÍ una animación del relato muy interesante



Y escucha AQUÍ el texto completo en la voz del mismo JULIO CORTÁZAR

lunes, 27 de agosto de 2012

RESISTIRÉ versión de ATAQUE 77

Haz click aquí para escuchar la canción


              RESISTIRÉ
Cuando pierda toda las partidas,
cuando duerma con la soledad,
cuando se me cierren las salidas,
y la noche no me deje en paz.
 cuando sienta miedo del silencio,
cuando cueste mantenerse en pie,
 cuando se revelen los recuerdos
y me pongan contra la pared.
(Coro)
Resistiré
 erguido frente a todo
me volveré
 de hierro para endurecer la piel
y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
soy como el junco que se dobla
pero siempre sigue en pie.

Resistiré
 para seguir viviendo
soportaré
los golpes y jamás me rendiré
y aunque los sueños se me rompan en pedazos resistiré, resistiré.
Cuando el mundo pierda toda magia,
 cuando mi enemigo sea yo,
cuando me apuñale la nostalgia
 y no reconozca ni mi voz.
 cuando me amenace la locura,
cuando en mil monedas salga cruz,
cuando el diablo pase la factura,
 o si alguna vez me faltas tú.
(coro)



            

Aplastamiento de las gotas


    Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
    Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós. 

 Haz click aquí para escucharlo en la voz del mismo JULIO CORTÁZAR

Género NARRATIVO




En este tipo de textos el narrador describe personas, situaciones y ambientes, relata acciones y acontecimientos sucedidos en tiempos y espacios diversos, hace hablar - a través de monólogos o diálogos - a sus personajes y, a veces, da cuenta del mundo interior - pensamientos, sentimientos, estados de ánimo, intenciones. - tanto del de sus personajes, como del suyo propio. Y puede tener una base real o ser totalmente ficticio.
Los elementos que componen los textos de este género son:
1.       Narrador
2.       Espacio
3.       Tiempo
4.       Ambiente
5.       Personajes
6.       Argumento o asunto
El narrador puede usar tres técnicas para comunicar:
   Centrarse en la descripción de los personajes, el paisaje, los objetos, etc.
    Relatar los hechos dándole un ritmo a la historia.
    Dejar que los personajes hablen mediante un diálogo, que se expresen directamente

La narración puede tener uno o varios puntos de vista durante su desarrollo. Él o los narradores pueden estar en:
·1era persona: El narrador suele ser el protagonista, aunque también puede tratarse de un personaje secundario o de un mero testigo que sin participar en la acción, sabe lo ocurrido. Generalmente este tipo de obras tiene la forma de diario de vida, novela autobiográfica o epistolar
·2da persona: Es poco frecuente. En este caso el narrador se dirige a otros o a sí mismo. Como en las novelas epistolares.
3era persona: Narra algo de lo que no forma parte, es decir relata lo que le sucede a otros. Se identifica por los verbos en tercera persona.
   También se clasifica al narrador de acuerdo al grado de conocimiento que tiene respecto a lo que sucede en el relato:
1.       Omnisciente: Lo sabe todo, hasta los pensamientos y sentimientos de los personajes.
2.       Con conocimiento limitado: Puede saber bastante o muy poco, dominar solo los hechos y no la interioridad, estar limitado por su edad o estado mental.

Los subgéneros del género épico son:

Géneros narrativos en verso:
la epopeya: muy larga narración en verso sobre acciones memorables, de decisiva importancia para los pueblos y civilizaciones antiguas; en ellas se entremezclan elementos legendarios, religiosos y abundantes fantasías; importancia universal
el poema épico: larga narración en verso, en la que se exaltan las hazañas de los héroes nacionales para así glorificar y magnificar a un pueblo o nación. En la Edad Media se denominaba el cantar de gesta
el romance: género exclusiva y típicamente hispánico; narración en verso, generalmente breve, de origen popular y transmisión oral y colectiva; métrica fija: serie indeterminada de versos octosílabos asonantados en los pares
El Romancero es el conjunto general de romances

B) Géneros narrativos en prosa:
la novela: extensa y compleja narración en la que predomina la narración sobre los demás modos de elocución, aunque también aparecen la descripción y el diálogo; se presentan diversas y complicadas acciones en torno a uno o más personajes, en espacios diversos y diferentes épocas y tiempos 
el cuento: narración breve en torno a una única y muy condensada acción central en la que intervienen pocos personajes; de origen folklórico y muy antiguo
C) Géneros narrativos menores:
la leyenda: cuento o poema breve de asunto tradicional o vagamente histórico; ambiente misterioso y elementos fantásticos y sobrenaturales; basado en un hecho real
la fábula (apólogo): cuento didáctico - moralizante del que se desprende una moral que, a veces, es nombrada explícitamente al final en la moraleja; los personajes suelen ser animales con cualidades humanas

Julio Cortázar

Aquí verás la biografía

lunes, 9 de julio de 2012

PARA NOCHE DE INSOMNIO texto y propuesta


Propuesta: con el cuento PARA NOCHE DE INSOMNIO de Horacio Quiroga
1)      Ubica el texto en el Género Literario correspondiente y fundamenta.
2)      Reconoce y clasifica al narrador según su posición en el relato y su grado de conocimiento.
3)      Reconoce el tiempo, el lugar y los personajes.
4)      Presten atención a los elementos que utiliza el narrador para crear una atmósfera de espanto; transcríbanlas y analicen a qué sentido apela.
5)      ¿Cuál es el suceso?
6)      Hay, en el cuento, dos planos aparentemente opuestos: la realidad y la alucinación dada por el miedo.
Ubiquen los hechos más importantes del cuento en cada uno.
7)      ¿Cómo explican el desenlace?

Para ir al texto completo Haz CLICK AQUÍ

Más sobre Florencio Sánchez

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jueves, 21 de junio de 2012

FANTASÍA NERVIOSA (Horacio Quiroga)


Juan era de un temperamento nervioso, fatalmente inspirado, y cuyas acciones a fuerza de rápidas e ineludibles, marcaban una inconsciencia rígida en el cerebro que había desprendido la concepción.
Su ser cuadraba una neurosis superior, completa, honda, ardiente, sanguíneamente atávica. Era acaso el sentenciado de una antigua y anónima epopeya de sangre, cuyas estrofas de rubí goteaban sobre su destino.
Tenía las cualidades de un gran criminal: la resolución rápida, abofeteada por una necesidad imprescindible de matar; sus brazos tenían una musculatura heroica, y su cabeza, tocada con cincel rudo, tardaba en pasar de la idea al hecho el tiempo que tarda el puñal en salir de la vaina.
Juan mató, porque tenía que matar. Y mató a una mujer, a la primera que encontró, a las doce
de la noche de un mes de verano.
Corrió furiosamente, dejando tras de sí una puñalada y marcando su carrera con las manchas
de sangre que goteaba su cuchillo enrojecido.
En las calles desiertas resonaba su galope precipitado y jadeante de fiera herida.
Juan fue a un baile de máscaras, y el baile encendió su sangre. Las risas le herían como un
insulto, y las parejas que se movían alrededor suyo se burlaban de él. Las colgaduras rojas eran manchas de sangre coaguladas en la pared, y sus ojos se bañaban en una visión de púrpura.
Era siempre la necesidad diatésica de matar. Y Juan mató a una máscara con quien fue a cenar, y la dejó tendida sobre el diván, con el pecho abierto, manando borbotones de sangre que iban a empapar un ramo de rosas pálidas que llevaba prendido al seno.
Juan se acostó y apagó la luz; y en la oscuridad veía sangre, una lluvia de sangre que mojaba su cuerpo. Sentía un furor desesperado, con deseos de volver al restaurante y apuñalar a aquella mujer que seguramente no debía estar muerta.
La carne le enardecía, como un manto punzó tendido ante un toro. Deseaba herir, desgarrar, clavar su puño en una herida abierta para agrandarla más. Una vaporización sanguinolenta flotaba ante sus ojos, hostigándole como un horizonte insalvable. Sus fosas nasales se abrían en una aspi- ración húmeda y caliente, y sus oídos vibraban en una audición de sangre brotando en oleadas.
Poco a poco, la bruma sangrienta fue desvaneciéndose y la excitación pasó, Juan pudo
conciliar el sueño y se durmió.
Hacía mucho tiempo que había cerrado los ojos, cuando se despertó con una angustia indecible. Había sentido que le llamaban con una voz lejana que iba acercándose hasta llegar a la puerta.
El conocía esa voz: era la voz de una muerta que había dejado tendida en el diván, a la que
había asesinado. La muerta resucitaba y se acercaba lentamente a su cama, lentamente...
Sus cabellos se erizaban, y su garganta no daba paso a un sonido. Se recogía cuanto le era posible en la cama, y su expresión contraída delirantemente por el terror, daba de bruces sobre la almohada.
La puerta chirrió como si se abriera, y sintió un ruido de pasos vedados, cada vez más perceptibles. Se detuvieron al lado de la cama y un soplo glacial cayó sobre su cara, en tanto que una mano helada se posaba sobre la suya y la elevaba irremediablemente hasta un agujero, viscoso como sangre coagulada.
Juan dio un grito de horror y abrió espantosamente los ojos.
La visión escarlata había desaparecido. Todo era negro, sombríamente opaco, en cuyas ondas se sacudía -como el revoloteo de una ave agorera- su digna estrangulada de arterioesclerótico.
Y en seguida sintió un cuerpo frío que se deslizaba al lado suyo, y sintió a la muerta que le comunicaba su hedor y rigidez, y su brazo que no podía apartarse de aquella herida abierta y húmeda.
La muerta se apoderaba de su carne, sin que todo el horror desesperado pudiera separarle de ella. Y sintió una cara inerte que se dejaba caer sobre la suya, y aunque quiso apartarla no lo pudo conseguir.
Juan pasó toda la noche acostado con una muerta que apoyaba la cabeza en su pecho y sin
poder separar la mano de la herida que él había abierto con el puñal.
¡Así pasaron una hora, dos, tres, loco de terror, delirando constantemente, y siempre la
muerta a su lado!
Al otro día hallaron a Juan, muerto en la cama, con una puñalada en
el pecho. Su rostro tenía una expresión de locura horrorizada; y en el cuarto, que revisaron
por todos lados, sólo hallaron un ramo de flores pálidas manchadas de sangre.